El lado menos visible: Repercusiones cognitivas del mal uso de la tecnología en la infancia

En la conversación pública sobre los niños y la tecnología, el foco suele estar en los problemas emocionales y sociales: ansiedad, falta de sueño, menor interacción cara a cara. Sin embargo, existe un aspecto igual de relevante y, a menudo, pasado por alto: los efectos en el desarrollo cognitivo.

El cerebro infantil está en pleno proceso de construcción. Las conexiones neuronales se fortalecen o debilitan según las experiencias que recibe el niño. En ese sentido, un uso inadecuado y excesivo de pantallas puede alterar la forma en que se forman esas conexiones (Barr, 2019).

La atención fragmentada

La exposición a estímulos rápidos y cambiantes —como vídeos cortos, animaciones intensas o juegos con recompensas inmediatas— puede condicionar al cerebro para buscar gratificación constante.

Esto reduce la capacidad para mantener la atención en actividades que requieren concentración prolongada, como leer un libro o resolver un problema matemático.

Radesky y Christakis (2016) señalan que este patrón de consumo puede “entrenar” al niño a sentirse incómodo o aburrido cuando la estimulación no es inmediata, lo que repercute directamente en el rendimiento escolar.

Memoria y aprendizaje

La memoria de trabajo es clave para seguir instrucciones, resolver problemas y aprender conceptos complejos.

Cuando el tiempo frente a pantallas sustituye interacciones humanas, el niño pierde oportunidades para reforzar esta memoria a través del diálogo, la repetición y el juego simbólico.

Barr (2019) advierte que las experiencias pasivas de consumo audiovisual no generan el mismo nivel de codificación de la información que las experiencias activas y participativas.

Ejemplo: Un niño que aprende una palabra nueva viendo un vídeo puede reconocerla visualmente, pero si no la usa en una conversación real, es menos probable que la incorpore a su vocabulario activo.

Lenguaje y comunicación

El desarrollo del lenguaje está estrechamente vinculado a la interacción social. Dy et al. (2023) encontraron que los niños que pasan más de dos horas diarias frente a pantallas tienen puntuaciones más bajas en lenguaje receptivo y expresivo, sobre todo cuando ese tiempo reemplaza la lectura en voz alta o las conversaciones familiares.

Aquí no se trata solo de cantidad de palabras, sino de la riqueza del lenguaje. Las pantallas tienden a ofrecer frases más cortas y menos complejas que las interacciones humanas, lo que puede limitar el desarrollo sintáctico y la comprensión profunda.

Pensamiento crítico y funciones ejecutivas

Las funciones ejecutivas —planificación, control de impulsos, resolución de problemas— se desarrollan a través de actividades que requieren toma de decisiones, ensayo-error y reflexión. El consumo pasivo de tecnología reduce el tiempo disponible para estas experiencias.

La Organización Mundial de la Salud (2019) advierte que un exceso de tiempo sedentario frente a pantallas no solo limita el movimiento físico, sino también las oportunidades de ejercitar estas capacidades cognitivas de alto nivel.

Cómo prevenir y equilibrar

  • Supervisión activa: acompañar al niño mientras usa tecnología para guiar su experiencia.
  • Contenido de calidad: priorizar herramientas y aplicaciones con valor educativo comprobado.
  • Tiempo equilibrado: establecer límites claros y fomentar actividades sin pantallas.
  • Interacciones humanas: no sustituir conversaciones, juegos o lectura por tiempo frente a una pantalla.

Conclusión

La tecnología no es el enemigo; el problema radica en el uso sin propósito y sin límites.Los niños de hoy serán los adultos de mañana, y su capacidad de concentrarse, pensar críticamente y comunicarse dependerá en gran parte de cómo usemos la tecnología con ellos ahora.

Si queremos que crezcan con cerebros fuertes y habilidades sólidas, debemos ofrecerles experiencias variadas y ricas, donde la tecnología sea una herramienta de aprendizaje y no un sustituto de la vida real.

Referencias

Barr, R. (2019). Growing up in the digital age: Early learning and family media ecology. Current Directions in Psychological Science, 28(4), 341–346.

Dy, J., Golinkoff, R. M., Hirsh-Pasek, K., & Furey, T. (2023). Language development in the digital era: How screen time shapes early communication skills. Pediatrics, 151(2), e2022057096.

Organización Mundial de la Salud. (2019). Directrices sobre actividad física, comportamiento sedentario y sueño para niños menores de 5 años. OMS.

Radesky, J. S., & Christakis, D. A. (2016). Media and young minds. Pediatrics, 138(5), e20162591.

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